sábado, 24 de diciembre de 2011

La primera lección de honradez

Cuando tenía aproximadamente unos 8 años (en ese entonces cursaba la primaria en un colegio cerca de mi barrio) la necesidad de tener un dinerito en mi bolsillo del cual presumir frente a mis amigos, hizo que mi mano se deslizara tan lentamente a través de la mesita donde comíamos -que mis padres no se dieron cuenta-  y albergara en sí la incalculable y anhelada moneda que se encontraba en ella: 'un sol', que para mi sorpresa actual no es gran cosa comparado a lo que ahora en verdad necesito. Era 'Un nuevo sol' aproximadamente 35 centavos de dolar. Dicho sea de paso, que en la delicada situación económica de mis padres no podía permitirme darme el lujo de disponer de tanto dinero, ni ellos de otorgar al niño -que en ese entonces lo era- un reverenciado 'sol' lo cual podría servir para comprar 1 kg de arroz o 2kgs de papa ó 50 naranjas. Me sorprendí cuando escribí lo anterior, los precios eran super bajos!! No pude contener la alegría maquiavelica que me desbordaba en el momento en el que tuve el preciado tesoro en mi mano.
Puedo asegurar que en el momento no desayuné. Era debido a que a pesar de estudiar en el turno diurno, las ganas de gastar en dulces, galletas, y al mismo tiempo cumplir con el objetivo de vanagloriarme de mi inhabida fortuna, me embargaba desesperación por hacer vistoso el momento en el que semejante a un magnate me daba el lujo de gastar y gloriarme de mi acto. Como niño talvéz lo disfrute el hecho de que al llegar al colegio y con ello el libre albedrío al cual me entregaba con mi tesoro presumir la bondad de mis padres al darme el dinero, lo cual se me nubló con la llegada de mi madre, quien nunca permitiría que un niño se comience a desviar de los principios religiosos al cual se nos encomendó.
En el preciso momento en el que yo disponía gastar 70 céntimos del botín, la mirada amenazante de mi madre choco con mis pupilas -lo cual entendí como advertencia en caso mi instinto para mentir se hiciera presente, sus lecciones de No Robar plasmado en una vara y el mismo en el cuerpecito del niño a mentir no se harían de esperar tanto como lo deseara el faltante niño- Entendí el significado de su visita y me dispuse a mentir, mentir a la mujer que todo lo adivina sin ser adivina. A pesar de todo ella sin dar la importancia necesaria a mi mentira y preguntar a mi acompañante el motivo de mi aventajada bondad con él (recuerdo haberle invitado un 'chupete de hielo' el cual costaba 10 céntimos, él como todo un angel de bien desmintió la versión de que el bondadoso era él y no yo) dejó que termine de comprar. Mi madre no toleraría semejantes mentiras en boca de su niño santificado para ella. Sin más ella regresó a casa y dispuso el corregir a su niño aún presencia de la familia. No cedió la tentación de reprocharme en público como toda malacostumbrada persona haría. La mirada amenazadora fue la que recordaba y no disponía a mi atemorizado cuerpecito moverse a la guarida donde le esperaban la vara de la corrección y la ira de mi madre. Pues en mi mente corría la sensación de que ya me iba quedando sin un miembro o algo parecido. Necesitado y en busca del perdón materno que me hacía falta para no conseguir la gratuita regañada, llegué a casa con aire de sabido y como si no pasara absolutamente nada me dispuse al saludo acostumbrado. Mi padre me felicitó por aquello. Pero ahí se acercaba ella, la madre que corregiría al niño con aires de confusión, apuesto que no sabía si castigarme o regañarme.Pero a lo hecho... Pecho! como diría el abuelo.
Me encontraba dispuesto a recibir la tanda que me merecía por semejante hurto familiar. Sin más comencé a titubear y mi madre volvió a preguntarme: ¿Cojistes el 'sol'?, y como si satán influenciara mi mente, -eeeh No! no! mami.- Entonces me acordé que mi madre había confiscado el vuelto restante que fueron 30 céntimos en el colegio, y como niño que cual angelito no sabe mentir, propuse duda en mi madre. Mi madre no pudo resistir tremenda mentira, cogiéndome de la mano y como insinuando que iba a cortarme la mano, cogió un instrumento cortante y atemorizó mis nervios. Tuve miedo de quedarme sin mano. Mi padre a quien le gusta la rectitud más allá de cualquier placer, me miró y sonrió.

Aliviado, supuse era una lección de mal gusto. No quedando realizado el castigo, cayó sobre mí la vara de corrección la cual hasta ahora queda impregnado en la conciencia. Supuse de niño entonces 'Cuando el perro ladra es señal que estamos avanzando' Yo era el perro que no ladraba pero lloraba.. entonces estábamos avanzando. Me causa gracia la interpretación que debí tomar importancia en aquellos tiempos donde mamá y papá eran la voz que guiaban mis pasos. Mi madre como todo un ángel me supo enseñar el valor de la honradez (de mala manera, pero lo hizo), desde entonces si tuve que hacer una 'cutra' más... lo pensaba 10 veces, porque en una de ellas podía perder la mano.
Con el debido respeto para mi mami.